Seremi de Agricultura de Tarapacá, Fernando Chiffelle Ruff
Hablar de agricultura en Tarapacá es hablar, necesariamente, de agua. En una región ubicada en el desierto más árido del mundo, donde cada gota cuenta, producir alimentos no solo requiere esfuerzo y dedicación, exige planificación, innovación y una gestión responsable de un recurso que es limitado.
El desafío que tenemos por delante es claro: Necesitamos producir más y mejor, utilizando el agua disponible con la mayor eficiencia posible, y hacerlo además en un escenario marcado por los efectos del cambio climático.
Desde el Ministerio de Agricultura estamos impulsando una estrategia que combina innovación y transferencia tecnológica. A través de la Comisión Nacional de Riego, el Instituto de Desarrollo Agropecuario y el trabajo conjunto con la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena, estamos apoyando proyectos que permiten incorporar riego tecnificado, automatización, sistemas de conducción más eficientes y soluciones energéticas, principalmente mediante energía fotovoltaica.
La agricultura del desierto nos obliga a avanzar hacia una cultura de mayor precisión. No se trata simplemente de regar, sino de saber cuándo, cuánto y cómo hacerlo, utilizando información y tecnología para entregar a cada cultivo el agua que realmente necesita. De esta manera, podemos reducir pérdidas, mejorar la productividad y hacer más sostenible la actividad agrícola.
Junto con hacer un uso más eficiente del agua disponible, también debemos ampliar y diversificar nuestras fuentes de abastecimiento. Por eso, estamos analizando alternativas como la desalación para fines agrícolas, la reutilización de aguas tratadas bajo estrictos criterios de seguridad y sostenibilidad, y la captación de agua atmosférica mediante atrapanieblas. También estamos promoviendo iniciativas destinadas a mejorar la calidad del agua para uso agrícola. Son caminos que requieren evaluación, conocimiento y, sobre todo, una mirada de largo plazo.
Ninguna de estas soluciones puede desarrollarse de manera aislada. La seguridad hídrica es una tarea que requiere la colaboración del Estado, los agricultores, el sector privado, la academia y las comunidades. Cada uno tiene un rol que cumplir en la construcción de respuestas que sean técnicamente viables, ambientalmente responsables y capaces de sostenerse en el tiempo.
En Tarapacá tenemos una gran oportunidad. Podemos convertir las condiciones extremas de nuestro territorio en un impulso para innovar y avanzar hacia una agricultura del desierto más eficiente y resiliente.
