Las imágenes que han dejado las lluvias en el Norte Chico son un recordatorio de que las emergencias pueden cambiar la vida de miles de personas en pocas horas. Frente a esta situación, el Gobierno del Presidente José Antonio Kast ha desplegado a sus equipos para coordinar la respuesta, apoyar a las familias afectadas y avanzar en la recuperación de las zonas más golpeadas. Y ese esfuerzo también nos invita a mirar nuestra propia realidad.
En Tarapacá, los terremotos de 2005 y 2014 son un recuerdo vívido y muy reciente. Ambos nos obligaron a darnos cuenta de que la preparación salva vidas. Prueba de aquello es que muchas de las medidas que hoy parecen habituales, nacieron precisamente de las lecciones que dejaron esas emergencias.
Pero la prevención en Tarapacá no puede limitarse únicamente a esos escenarios. Las lluvias estivales pueden provocar crecidas de quebradas y aluviones. Las marejadas, los derrumbes y otros eventos naturales también exigen planificación y capacidad de respuesta.
En ese sentido, es importante saber que estar preparados comienza mucho antes de que ocurra una emergencia. Contar con un plan familiar, preparar una mochila de emergencia y conocer las vías de evacuación son medidas concretas que permiten responder de mejor manera cuando ocurre una situación de riesgo. Durante los primeros minutos, las personas que están en el lugar deben tomar las primeras decisiones. Por eso, la organización familiar puede marcar una diferencia importante mientras llegan los equipos de respuesta.
Construir una cultura de la prevención también implica participar en los simulacros y ejercicios de evacuación que se realizan periódicamente en Tarapacá, coordinados por SENAPRED junto a distintas instituciones públicas y privadas. Su objetivo es poner a prueba los protocolos, detectar oportunidades de mejora y entregar a la población la experiencia necesaria para actuar con mayor seguridad cuando enfrenta una situación real. Cada ejercicio fortalece la coordinación entre las instituciones y ayuda a que las personas sepan cómo reaccionar cuando una alerta deja de ser un simulacro.
Por todo esto, es necesario entender que el fortalecimiento de la cultura de la prevención es una responsabilidad compartida. El Estado tiene el deber de coordinar, informar y responder oportunamente, mientras que la ciudadanía cumple un rol fundamental preparándose con anticipación, participando activamente en los simulacros y promoviendo estas prácticas al interior de cada familia.
Las emergencias no se pueden evitar, pero la diferencia está en el nivel de preparación con que las enfrentamos. Esa es una tarea que nos involucra a todos y que comienza mucho antes de que suene una alarma.
Yuseff Hilaja Rumie
Seremi de Gobierno de Tarapacá
